LA SUBLEVACIÓN EN TERUEL


Teruel

Last Updated by Rafael R 

El 19 de julio de 1936, el teniente coronel Mariano García Brisolara, comandante militar de la plaza y jefe de la Caja de Recluta, se sublevó contra el Gobierno de la República y cumpliendo órdenes del general Cabanellas, jefe de la V División Orgánica, con sede en Zaragoza, procedió a proclamar el estado de guerra. Enterado el gobernador civil Domingo Martínez Moreno, salió a la calle y ayudado por un grupo de Guardias Municipales y de Asalto, arrancó de las paredes donde había sido fijado el Bando de la autoridad militar, sustituyéndolo por otro en que se declaraba el estado de alerta. Al día siguiente García Brisolara, al que se habían unido la mayoría de los guardias civiles y de asalto, reiteró el estado de guerra, y tras la detención de las autoridades civiles y de los elementos más caracterizados del Frente Popular, la ciudad quedó incorporada al bando nacional.



En Teruel, el 18 de julio por la tarde, al llegar la noticia del alzamiento militar del día 17 en África, se produjo una manifestación de los obreros que estaban en huelga[3]; exigieron armas al gobernador Domingo Martínez Moreno, con el deseo de defender la República que consideraban en peligro, pero éste se las denegó. La manifestación se disolvió tras dar el gobernador un mensaje tranquilizador. De inmediato llamó a los responsables de la GC, el teniente coronel Pedro Simarro Roig, y de las fuerzas de Asalto, el teniente Antonio Navarro Gómez, para que se presentasen en Gobierno Civil. Después de esta entrevista el gobernador quedó tranquilo, pues tenía plena confianza en las fuerzas de la ciudad. 


Las fuerzas militares de Teruel en aquellos momentos se reducían a la Caja de Reclutamiento, que la formaban un teniente coronel: Mariano García Brisolara, un comandante: Virgilio Aguado Martínez, dos alféreces, un brigada y siete soldados, a las que había que añadir en la plaza unos 60 guardias de Asalto y 50 guardias civiles. 



En el edificio de la Comandancia Militar, aquella noche, se reunieron el comandante Aguado y el capitán Eugenio Villuendas, prepararon y editaron a ciclostil un bando de guerra para colocarlo por la ciudad al amanecer. Aguado estaba en contacto con el abogado del Estado Marcelo Zabala, que suplía al jefe de Falange Manuel Pamplona, encerrado en la cárcel junto con los dirigentes de los otros partidos conceptuados como "más peligrosos" para la República: los tradicionalistas y las juventudes de Acción Popular. A las ocho de la mañana del día 19 de julio se recibió un telegrama de la Jefatura de la 5ª División en Zaragoza, en el que se daba cuenta de que se había proclamado el estado de guerra en todo el territorio de la jurisdicción. En el levantamiento militar de Teruel se observó una clara dependencia de Zaragoza, cuyos mandos militares habían secundado el alzamiento el mismo día 18. El comandante Aguado recibió la noticia con alegría y mandó formar a los siete soldados que había en la Caja de Reclutas. García Brisolara le preguntó a Aguado que pretendía y éste le respondió que proclamar el estado de guerra si él no se oponía. Casi todas las fuentes inciden en la indecisión del teniente coronel Brisolara que hizo recaer la última decisión en el segundo jefe, el comandante Aguado, que había sido destinado allí en 1931. 



Virgilio Aguado, a las nueve de la mañana, al frente de los siete soldados salió a la calle, y al llegar a la plaza del Torico, los mandó formar y leyó el bando, escena que repitió en otros puntos señalados de la ciudad, a la vez que lo fueron pegando en las paredes. Este bando trajo consigo graves consecuencias, la primera y más importante fue la destitución por la GC de las Comisiones Gestoras de la mayor parte de los ayuntamientos de la provincia de Teruel, que habían sido democráticamente elegidos durante la República, nombrando en su lugar unas comisiones municipales formadas exclusivamente por personas adictas a los militares sublevados. Estos ayuntamientos, como veremos más adelante, fueron a su vez sustituidos por otros de izquierdas en la mayor parte de la provincia, conforme las poblaciones fueron de nuevo recuperadas para la República por las columnas de milicianos. Hubo municipios que en un corto período de tiempo pasaron varias veces de un poder a otro, cambiando la composición municipal según fuese uno u otro bando quien dominase el municipio, como le ocurrió al de Mora de Rubielos. 



El gobernador al tener noticia del bando decidió tomar medidas para contrarrestarlo. Le acompañaban varios guardias municipales y de Asalto, se acercó a uno de los bandos pegados en las paredes, lo arrancó, lo arrojó al suelo y mandó a los guardias municipales pegar otro en su lugar, proclamando el estado de alarma. Tras ello regresó a Gobierno Civil. 



Al volver Aguado a la Comandancia a las seis de la tarde, se encontró con un grupo de jóvenes de Acción Ciudadana, requetés y falangistas que habían acudido a ofrecer sus servicios. No se tenían noticias de las postura de la GC y de los guardias de Asalto, aunque estos últimos supeditaron su posición a lo que hicieran los guardias civiles. La GC por depender del Tercio de Guadalajara vaciló antes de tomar una decisión por miedo a romper la subordinación jerárquica regular y obedecer en su lugar las órdenes de Zaragoza. Aguado optó por procedimientos expeditivos, en ausencia del teniente coronel de la GC Pedro Simarro que se encontraba en Alcañiz, en una misión encomendada por el gobernador, visitó al comandante José Pérez del Hoyo y éste se sumó a la rebelión. A los 50 guardias civiles hay que añadir los 60 guardias de Asalto y el destacamento de Carabineros, que lo formaban un sargento y siete guardias, y la Policía. Con dichas fuerzas, más los voluntarios, que armaron con 50 fusiles, 25 escopetas y 10 pistolas, pensaban dominar la calle y apoderarse de la ciudad. Por la noche, los jefes militares se reunieron para adoptar las acciones del día siguiente. Lo que más les impresionaba eran las noticias que llegaban de la provincia. En las cuencas mineras los obreros afiliados a la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la FAI (Federación Anarquista Ibérica) se habían amotinado. El día 19 de julio en Utrillas habían detenido a los ingenieros y a los elementos más destacados de la derecha y habían instaurado el comunismo libertario, al igual que en otros pueblos. Cuando volvía de Alcañiz el coche del teniente coronel Simarro, al pasar por Calanda, fue tiroteado, pero nadie del grupo resultó herido. Aquel día, el capitán Calvo, del cuerpo de Ingenieros, salió con unos jóvenes de las milicias ciudadanas y se situó en las entradas de la población de Teruel para tomar posiciones. 



Al parecer, la suerte de la provincia de Teruel en parte estuvo en manos del gobernador, que no supo reaccionar a tiempo, en cuanto perdió la comunicación telefónica con Madrid. Los representantes más destacados del Frente Popular se habían reunido en Gobierno Civil de forma permanente hasta la llegada de las primeras y confusas noticias en la tarde del día 19. Ante la postura demasiado confiada del gobernador, que les garantizaba la fidelidad de la GC, Gregorio Vilatela propuso su destitución. 



En la citada reunión de Gobierno Civil se tomó el acuerdo de detener a Aguado, misión que fue encomendada al inspector de Policía Martín Esteban, y que le valió ser fusilado a los dos días. El teniente de Asalto que fue enviado a apresarlo se puso a sus órdenes y el comandante sorprendió en el despacho a todos los reunidos, a los que detuvo y encarceló. 



El batallón se dirigió a la plaza de Carlos Castell donde estaban el Centro de IR (Izquierda Republicana) y el edificio de Gobierno Civil. En el Centro de IR se habían concentrado aquella noche los principales dirigentes de la izquierda de Teruel; la versión ofrecida por la derecha les acusaba de haber disparado desde este edificio: "salen a los balcones, lanzan a coro vítores y hacen unos disparos". El comandante Aguado con unos voluntarios subió al Círculo Republicano y detuvo a los que allí estaban, aunque algunos consiguieron huir. Se trasladaron seguidamente a Gobierno Civil donde detuvieron al gobernador y a un buen número de personalidades que le acompañaban. La autoridad militar se adueñó de Teruel e impuso sus decisiones. Ocuparon seguidamente sin resistencia los edificios de Correos, Telégrafos, el Ayuntamiento y la Diputación Provincial. Basándose en el bando militar destituyeron al igual que a la autoridad gubernativa a la Comisión Gestora del Ayuntamiento. 



La figura del gobernador, por su actuación, apareció denigrada en la prensa anarquista de la época, aunque probablemente fue una víctima más de aquellos sucesos, pues tras su traslado, nada más llegar a Zaragoza fue asesinado. 



En Alcañiz, el lunes 20 de julio, una patrulla de falangistas y guardias civiles liberó a unos falangistas encarcelados desde el 5 de julio. Destacados miembros de la Falange como Manuel Pamplona, Antonio Elipe y Herrero y otros fueron también puestos en libertad. 



El día 21 de julio amaneció Teruel con una huelga general promovida por la Casa del Pueblo que la autoridad militar trató de neutralizar. Fue secundada en talleres, fábricas y algunas obras en construcción, pero un bando de la autoridad militar que amenazó a los obreros con la anulación de contratos en caso de que no volvieran al trabajo al día siguiente, así como la detención de los tres secretarios de los sindicatos, fueron los motivos para su finalización; ésta se prolongó a pesar de ello hasta el día 27. 



Decidida la situación en Teruel a favor de los insurgentes la suerte de los republicanos se iba a repartir con su eliminación en buen número de casos o en la huida a los montes que rodean la capital, donde intentaron reorganizarse y contactar con otros núcleos de la provincia, sin dejar de ser perseguidos. En la ciudad se recibió un cargamento de armas procedente de Zaragoza que sirvió para armar a una centuria de Falange y a cuatro grupos de Acción Ciudadana, que salieron hacia el Puerto Escandón y otros puntos próximos a Teruel. Una compañía mixta de la GC, guardias de Asalto y voluntarios patrulló por las zonas más escarpadas en los alrededores de la ciudad, por donde maniobraban partidas de huidos. 



En Albalate del Arzobispo y en las zonas mineras no pudieron implantar la ley marcial por la oposición de las organizaciones obreras; lo contrario sucedió en otras poblaciones como en Cretas, donde en un primer momento la derecha se hizo dueña de la situación, aunque pocos días después la proximidad de las columnas catalanas les hizo huir y marchar a Valderrobres[23]. 



Los dos focos rebeldes más importantes de la provincia de Teruel fueron los pueblos mineros de Libros y Utrillas. Una expedición de guardias y voluntarios salió el día 22 de julio contra Utrillas, en el partido de Montalbán, a 67 km de Teruel, los mineros estaban esperándoles muy bien preparados para la resistencia con armamento y trincheras; los insurgentes fracasaron en su intento. El día 23 de julio se produjo en Teruel la aparición del primer avión enemigo y el primer bombardeo, lanzó seis bombas sobre la ciudad; al día siguiente y en jornadas sucesivas se repitió la visita. El día 24 de julio salieron de Teruel dos camiones con guardias civiles, de Asalto y voluntarios para atacar la población de Libros, importante centro minero, situado a 26 km al sur de la capital; a su llegada huyeron buena parte de los mineros y con relativa facilidad ocuparon la población y la Industrial Química de azufre. El mismo día los insurgentes atacaron de nuevo la población de Utrillas, también con fracaso. El éxito envalentonó a los mineros que extendieron su acción por la comarca.


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